Conversaciones en el jardín...

Nicolás Caparros, Rafael Cruz Roche, Rafael Alberto Pérez e Isabel Sanfeliu.

Cuatro personas en una tarde de junio perfilan el cuarto volumen del Viaje a la Complejidad. Lenguaje, Comunicación y Estrategia son temas de reflexión.  Charla informal y desorganizada. Rafael Alberto Pérez lleva la voz cantante; mientras le escucha, Isabel propone grabar la conversación y ahí queda un documento más acerca de la complejidad…


Rafael Alberto Pérez (R. A.).- Mi interesa mucho el paso de la monosemia propia de la comunicación animal a la polisemia propia de la comunicación humana. Es un tema muy bonito para verlo en sentido negativo, ¿Qué pasaría si fuésemos monosémicos? así lo trabajó George Orwell en 1984: la dictadura perfecta crea el newspeak, y obliga a implan-tar esta neolengua monosémica, en sustitución del oldspeak, la lengua de Shakespeare polisémica. Y ¿por qué?, pues porque en un mundo de señales el que controla el input controla el output.
Rafael Cruz Roche (R.).- ¡Qué interesante!; eso es el pensamiento esquizofrénico, que diría Minkowski.
R. A.- Es lo bonito de la transdisciplinariedad. Tú estas viendo cosas que yo jamás po-dría aportar.
Isabel Sanfeliu (I.).- En dos palabras –resumiendo las reflexiones anteriores- los ani-males no eligen, deciden...
R. A.- En efecto. Lo interesante de este enfoque es que tanto la estrategia como el len-guaje son biológicos. Los científicos han identificado formas de  comunicación  celular, vegetal, animal y humana...
Nicolás Caparrós (N.).-  ¡Y cuántica!
R. A.- Uno de los casos más contrastados de comunicación vegetal ocurrió en Rodesia. La historia de este descubrimiento comenzó en los años ochenta cuando el zoólogo Wou-ter van Hoven (Universidad de Pretoria) buscaba una explicación lógica a la muerte de antílopes kudús en Sudáfrica. La autopsia reveló que unos arbustos a los que los antílopes les comían sus frutos, se defendieron generando una sustancia que les mataba; poco a poco, todos los matorrales de la zona fueron generando esa sustancia. Una forma de co-municación. En el mundo animal la comunicación siempre es de señales, monosémica. Los gorilas cuentan con diez sonidos que se corresponden con diez gestos: si se dan entre ellos un golpe fuerte pero con cara de jugar no pasa nada, pero si es con el gesto malo la cosa cambia; existe una correspondencia gestual codificada. Cassirier tiene el mérito de haber destacado el carácter simbólico de los humanos. Hay algo que me ha hecho pensar mucho: nuestra especie surge hace unos doscientos mil años, pero el hombre tal y como hoy lo conocemos solo tiene ochenta mil. Nos hemos pasado ciento veinte mil años aco-plando módulos cerebrales, capacidades nuevas, y sobre todo creando- como señala Mo-rin- la cultura que nos crea como hombres. Fruto de dos evoluciones la biológica y la cultural emerge un ser que, en vez de ser exacto, preciso, monosémico y comprensible, se convierte en subjetivo, simbólico y convencional. En ese mundo aparece la polisemia primero como hermeneusis de la realidad (hay que interpretar los porpios hechos) y des-pués como hermeneusis del lenguaje (hay que interpretar lo que se nos quiere decir?. La lengua no es una colección de términos, sino una generación de significación para mejor coordinarnos y sacar ventajas de la pluralidad. lo que hemos perido en fiabilidad lo he-mos ganado en innovación , libertad. Somos hijos del ruido y el juego que permite esa polisemia (the orde from noise que diría Heinz von Foester) .
R.- La polisemia, precisamente en el ser humano como individuo neoténico, posee un juego de función materna en cuanto hay un deslizamiento continuo de unas metáforas hacia otras, donde no hay un corte radical entre el sujeto y el objeto de conocimiento, va todo seguido, entremezclado. Es una continuidad que tiene que ver con la función mater-na de la madre con su bebé neoténico que nace fuera, pero muy adherido a ella.
R. A.- ¿Eso vale para todos los anclajes del ser humano o solo para lo materno?, por-que puede haber otros anclajes: la tierra, por ejemplo.
R.- Lo que pasa es que lo materno, lo antiguo, sigue funcionando siempre; es decir, lo que estuvo en el inconsciente, permanece en él dice Freud, las cosas más arcaicas las mantenemos siempre. Frente a esa función materna indiscriminada, existe una función paterna del lenguaje, que sería la función sintáctica donde queda claramente establecido cuál es la organización de cada momento; por eso podemos pensar que en el lenguaje, la semiótica cumple la función materna y la sintaxis la función paterna de separación, con la prohibición edípica que dice al niño: eres un ente individual, tienes que separarte de tu madre objetivándote, ordena estructuras. Eso evita el magma confuso que crearía la fun-ción materna. Cuando fracasa la función materna aparece el pensamiento esquizofrénico, un pensamiento que confunde la palabra con la cosa.
R. A.- ¡Monosémico, por tanto!
R.- El sujeto tiene cierta capacidad de evolución porque hay una función paterna sepa-radora, pero es una separación donde no hay esa ambigüedad estructurante con la que nos manejamos en la vida. No sé si es Watzlawick quien dice que toda comunicación es siempre un intento de corregir la ambigüedad de la frase anterior.
N.- Es lo que señalaba antes Rafael Alberto. Hay cosas que en una disciplina son ob-vias y en otra son radicales novedades y viceversa. Donde lo transdisciplinar va a triun-far.
R. A.- Ver la complejidad que encierra la realidad. Hacer multidimensional un mismo objeto lleva a un problema que abordo en mi artículo. Es un tema que tratasteis en la pre-sentación del libro: trabajamos el pensamiento complejo con una suposición: que una mejor comprensión del fenómeno ayudará a manejarlo mejor. Pero y si al hacer complejo el conocimiento lo estuviésemos separando aún más de la práctica profesional. Las cosas no son simples porque la gente sea tonta, es porque quiere soluciones rápidas.
R.- Ahí hay un aspecto importante: si falta el concepto de estructura en esa idea de complejidad, los diversos puntos de vista se convierten en un magma inhabitable e inma-nejable, pero si seguimos manteniendo dentro de la multidisciplinariedad las diferencias entre disciplinas, se crea una estructura que puede seguir funcionando, cada aspecto de la estructura es recuperable como unidad.
I.- Los mapas que presento en cada tomo no son un simple divertimento; empecé ju-gando con esquemas para esclarecer y relacionar la amalgama de conceptos que no co-nocía. Así cristalizaron esos bocetos donde cada elemento mantiene cierta unidad, pero a la vez es permeable y establece conexiones. Son mapas para divagar, para dejarse ir...
R. A.- Los mapas son muy buenos porque a veces una imagen asociada hace todo más directo y comprensible.
I.- Es posibilitar la ocurrencia, la innovación. Reflejan lo que creo más original de nuestro Viaje, lo que favorece una auténtica transdisciplinariedad al hacer accesible, con-densado, lo esencial de cada campo. Impregnarnos de distintos paisajes sin perder identi-dad...
R. A.- Cuando estudiamos un fenómeno de forma transdisciplinar y lo devolvemos a la disciplina del que lo habíamos tomado “prestado” vemos que ahora es mucho más rico, más fértil que antes. Pero la transdisciplinariedad no es algo fácil. Lo primero es poner-nos de acuerdo y estar seguros  de que realmente estamos hablando de un mismo fenó-meno. Yo tuve la oportunidad de trabajar desde dieciocho disciplinas sobre el tema de la estrategia y tardamos año y medio en ponernos de acuerdo en definir qué era estrategia, unos lo veían como un programa, otros como un plan, otros como algo relacionado con su materia (economía, militar, etc. ), otros como una capacidad humana.
N.- Yo estoy de acuerdo en transdisciplinar. Sobre algo de eso versa mi conclusión en la complejidad. Observo que a este respecto ya se está produciendo un cisma entre la vi-sión científica de la complejidad (anglosajones) y la visión filosófica (europeos de Fran-cia); si tuviéramos que personificar, me referiría a Morin en Francia y, entre los científi-cos, al matemático norteamericano Strogatz. La pregunta que se impone en el horizonte de la complejidad es: ¿está renaciendo la vieja querella, el viejo diálogo de sordos entre lo científico y lo filosófico? El trabajo de Rodríguez Zoya avisa de algo así cuando, utili-zando la epistemología genética, dice: la complejidad entre los sajones surge en la 2ª Guerra Mundial al servicio de lo militar y posee todas las taras habituales (esto es sin ideología, apolítico). Este autor se hace una pregunta muy acertada al inquirir de dónde viene el dinero; viene del ejército, de multinacionales... Por el contrario, las visiones es-peculativas sobre la complejidad (coloquio de Cerisy en Francia, las aportaciones de Atlan y por supuesto Morin) tienen todas una génesis distinta. Juntas reproducen la vieja cuestión de esto es filosofía, lo otro es ciencia.
I.- Por otro lado, la complejidad sobrepasa la contradicción entre la herencia genética del sujeto como individuo y del sujeto en grupo. Los grupos generosos son los que sobre-viven con más facilidad, pero el individuo tiene que ser egoísta para poder sobrevivir. En esa lucha, heredamos los dos aspectos ya que somos uno en grupo indivisible, en esa ba-talla de alguna forma también está latiendo este pensamiento, esta ideología, esta parte más práctica, más resolutiva.
R. A.- La complejidad se  carga  la dialéctica y los dualismos...
N.- Porque el bucle no es dialéctica, el bucle es sistémico...
R. A.- La dialéctica se había cargado ya lo fluido. China era lo fluido, Veamos el yin y el yan, el día deja paso a la noche, incluso tiene el germen de lo que va a venir pintado, el puntito en cada opuesto... Por algo se llama el Libro de las mutaciones. Lo fluido llega así hasta Heráclito y los filósofos de Asia Menor: el río como metáfora. Pero luego la Grecia continental aporta la dialéctica y hemos pasado siglos fragmentado, separando, enfrentando; y a eso hay que añadir algo que conocéis mejor que yo: el cerebro en su simplificación trabaja con dualidades, bueno/malo, y los extremos llevan a los fascismos. Una carencia absoluta de complejidad nos haría fascistas a todos en el sentido más am-plio. Por eso le agradezco a Morin que nos haya hecho ver que la realidad es compleja, porque complexus significa lo que está tejido junto, y cuando entiendes que todo está eji-do junto ya no cabe enfrentamiento puro.
R.- Cuando hablaste del riesgo de la complejidad, lo primero que se me ha ocurrido, es que uno esté en su cueva, salga fuera vea lo que hay y se vuelva a su cueva a digerirlo. El mito platónico.
I.- La alternancia horizontalidad y verticalidad de los grupos terapéuticos; compartir en el aquí y ahora del grupo, junto a momentos de introspección -hacia otro afuera ya interiorizado y atemporal-.
R.- A mí eso me hace pensar que en el funcionamiento psicológico estamos domina-dos por el lenguaje. Einstein pensaba en fórmulas y los músicos piensan en música. Los seres corrientes pensamos en lenguaje.
N.- Hay lenguaje musical y lenguaje matemático...
R.- Sí, pero yo no lo puedo entender. En el lenguaje verbal que manejo, hay un aspecto sintáctico que pone límites y el aspecto semiótico que permite delirar un poco. Estamos en ese juego y hay que permitirse momentos necesarios de radicalidad estricta, un racio-nalismo absolutamente intransigente, y esos en los que hay que delirar un poco. Esa es la necesidad de los seres humanos. Estamos con las dos cosas o estamos delirando en el mal sentido de la palabra.
R. A.- A eso me gustaría añadir la capacidad humana de proyección del futuro, Bueno, el uso de la palabra futuro en singular es un error, hay futuros, es un espacio abierto de posibilidades, cuando imagino esos futuros, elijo uno y comienzo a construir una ruta para alcanzarlo estoy hablando de estrategia. Durante mucho tiempo creí que había una capacidad estratégica pero al estudiar el fenómeno desde una perspectiva biológica puede apreciar que lo que hay es un sistema que nos permite reaccionar con respuestas a los cambios del entorno. Para las ciencias de la vida capítulo 24 de la nomenclatura de la ONU, las estrategias son las respuestas homeostáticas de los organismos a los cambios del entorno. La evolución y la biodiversidad hacen que las capacidades difieran de una especia a otra pero el sistema se mantiene casi idéntico. Hasta la llegada del ser humano las operaciones se pueden reducir a tres: (1) El escaneo permanente del  entorno en busca de cambios y discontinuidades; (2) El salto de red cuando se supera el umbral de riesgo previsto, y (3) la reacción en forma de respuesta proporcionada a ese cambio. La respues-ta puede ser de persecución, de sexo; de huida de caza, etc.; Lo cuenta muy bien Llinás en el primer volumen del Viaje, toda mente es predictiva. La humana imagina el futuro. Uno de mis hallazgos es que si bien yo tengo una mente estratégica propia del hombre moderno, en cambio resuelvo las estrategias con la mente predictiva, la arqueo-mente, propia de mi pasado evolutivo. Como es sabido, Kahneman, psicólogo de la Economía y Premio Nobel de Economía, está trabajando este tema..
R.- Eso tiene que ver con la dualidad radical del sujeto humano. Me acordaba de un li-bro clásico, Lecciones preliminares de filosofía de José Gaos, que hace todo un recorrido de la filosofía entre Heráclito y Parménides. Hay un historiador Jacques Biden para el que la diferencia de todo el juego histórico está entre las talasocracias y las continentalocra-cias. Estamos siempre en una disyuntiva, el problema es tolerar la unión sin llegar a una situación magmática que es, en ultimo término, de donde salimos los seres humanos, la relación con una madre primitiva de la que creemos formar parte; si no nos separamos o empezamos a hacerlo pero volvemos a ella, perdemos la individualidad y esa es la muerte mental, la confusión. La dualidad es estructurante. La complejidad de verdad es la que tolera que haya complejidad y que haya anticomplejidad.
R. A.- Salir de la cuna para volver habiendo aprendido algo, pero si sales a ambientes distintos aprendes más.

 

 

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